Economía de la credibilidad

 

Este hilo de pensamiento se escribió para ser compartido en este encuentro.

Con gratitud, ¡conste!

 

La economía de la credibilidad es el pegamento cultural que necesitan los privilegios y el abuso de poder en nuestras sociedades para perpetuarse y mantenerse y sobre lo que nosotras, como agentes culturales no podemos seguir siendo ciegas ni evadirnos de nuestra responsabilidad pública y democrática frente a ella, especialmente en el clima de creciente retroceso en materia de derechos humanos.

Para mí, negar la existencia de los “sutilísimos” o no tanto mecanismos que regulan cómo se construye y legitima la credibilidad a nivel social es casi como negar la existencia de la ley de la gravedad sobre la tierra.

Toda forma de exclusión social y de opresión viene acompañada, entre otros múltiples factores, de dos cosas:

  • La ausencia de control sobre la propia imagen, la incapacidad de auto-representarse.
  • La deslegitimación de la palabra propia y por tanto de la propia capacidad de trasladar tu experiencia y tu visión y vivencia del mundo a través de la negación de la credibilidad ( los “son gente de poco fiar» que sufren todos los colectivos subalternizados de la tierra).

Y sobre esta forma específica de violencia hemos venido a coincidir, no por casualidad, desde el feminismo, el antirracismo, las organizaciones de lucha contra la pobreza, todos los movimientos decoloniales que en el mundo han sido, todos los colectivos que trabajan por la autonomía de las personas con discapacidad, las víctimas de abusos sexuales, los agentes involucrados en procesos memoriales y de construcción de paz. Todas las otras del mundo, diverso y real, estamos poniendo sobre la mesa la necesidad y la urgencia cultural de transformar los mecanismos que regulan un valor central para la existencia democrática como es la credibilidad.

Y voy a empezar, antes de llegar específicamente a nuestro papel como agentes culturales, por los casos más graves para que veamos la centralidad que tiene la cuestión de la credibilidad en nuestras democracias. Y voy a España, pero sí citando la importancia que tuvo el caso del asesinato de George Floyd en EEUU hace unos años a manos de la policía mientras decía una y otra vez una y otra vez “No puedo respirar”.

Es el caso de una mujer de 26 años, Andreas Fernández que falleció en una situación de desamparo institucional, en un hospital asturiano en 2017 por meningitis y que, por contar con antecedentes de enfermedad mental en su familia, no fue creída por ninguno de los 7 facultativos que la vieron y que murió atada (permaneció contenida) en la cama de la planta de psiquiatría sin ser diagnosticada del tremendo ataque de meningitis que estaba sufriendo. Todas las opresiones del mundo se concentraron aquí.

Y el segundo caso es la realidad de que hasta hace tan sólo unos años, la esterilización forzosa de personas con discapacidad era legal en España.

 

 

Y a través de estos dos casos quiero volver a incidir, aunque resulte insistente, en el enorme potencial transformador que para el mundo de la cultura reside en el concepto de la injusticia epistémica, reconociendo, por ejemplo, el impacto que está teniendo en el campo del derecho en Argentina para la lucha contra el feminicidio y la lucha contra el abuso sexual a las niñas y los casos de embarazo precoz forzado.

  • Repitiendo una vez más, hablamos de injusticia testimonial cuando en un sistema social la palabra, el testimonio, la experiencia vital de una persona se encuentra devaluada y tiene menos reconocimiento social que las demás. Por tanto toda su experiencia de vida, toda su cosmovisión, su mundo cuenta con menos credibilidad que la del resto, Por tanto, si no se visibiliza, si no se debate, si no se hace emerger el hecho de que antes de poder hablar de verdadera democracia, necesitamos trabajar sobre la equidad de expresión, la equidad en el acceso a la palabra pública, estaremos dejando fuera una de las dimensiones CLAVE que aquilatan la exclusión social.

De hecho quienes trabajan en marcos de lucha contra el racismo y contra los delitos de odio saben que hay que poner el foco sobre la infradenuncia, el hecho de que el mayor número de delitos de odio permanecen impunes porque las víctimas no lo denuncian, porque pesan sobre ellas como una losa los mecanismos de la credibilidad. Así, personas gitanas, migrantes, afrodescendientes, personas sin hogar y un largo etcétera se topan contra este muro que mantiene la opresión.

Y el segundo caso, con el tema de las esterilizaciones forzadas, nos sirve para ejemplificar una forma de violencia profundamente cultural como es la injusticia hermenéutica, cuando la sociedad a tu alrededor ni tiene las palabras ni tiene los conceptos ni tiene las representaciones para que tu dolor, tu experiencia vital de dolor tenga estatuto de realidad, se conceptualice como problema y exista. Aquí están las personas con discapacidad que reivindican la vida autónoma, aquí está la lucha contra las contenciones mecánicas en las residencias de mayores…

Por tanto, tenemos que ser muy conscientes de que no actuamos culturalmente sobre tábulas rasas, que estamos engarzadas, lo queramos o no, en entramados sociales que perpetúan a través de prácticas de silenciamiento, de negación de la credibilidad y distorsión y de negación al control sobre la propia imagen, situaciones de opresión y exclusión social y territorial (aunque no entraré ahora en este último punto).

 

 

De modo que, a lo mejor, desde la gestión cultural, desde las políticas culturales tenemos que ampliar el rango de nuestras propias preguntas -y me hace muy feliz estar entre programadoras culturales y toda la gente que está decidiendo desde distintas esferas qué, cómo, por qué y para qué es relevante para los públicos de Sevilla-.

 

  • Sabiendo que toda opresión, toda exclusión social viene acompañada de un déficit de credibilidad que se sirve de prejuicios, estereotipos y construcciones simbólicas distorsionadas y culturales que lo refuerzan, en mi rango de acción, en mi esfera de actuación, ¿quiénes cuentan con menos acceso a la autoexpresión?
  • ¿quiénes no tienen ningún tipo de control sobre los relatos e imágenes que se construyen sobre ellos?
  • ¿qué representaciones simbólicas considerarías denigrantes si fueses tú la persona representada?
  • ¿qué estereotipos o prejuicios se siguen perpetuando a mi alrededor bajo mecanismos “inocuos” y “aparentemente neutros” como son la tradición, la burocracia o la desidia?

 

En la entrevista que Jordi Évole le hizo hace unos días a Rodrigo Cuevas, comentando todo el bullying que había sufrido en su infancia, compartió una expresión muy bonita en relación al peso de las representaciones culturales sobre la legitimación de las violencias “de mí no te ríes más, eso no es de risa» desactivando cómo se construye la exclusión desde mecanismos aparentemente veniales y se señala quién es el sujeto diana de la ridiculización social.

Más preguntas, que esto era para dejaros respirar:

  • ¿qué discursos tradicionalmente subalternos, qué minorías sociales tienen acceso a la representación pública?, ¿cómo contribuimos a la equidad en el acceso a la escena pública?

Porque, mirad, frente a las “culturas del silencio” de las que hablaba Freire están surgiendo como las llama José Medina, las “epistemologías de la resistencia” o como las llamo yo más a la pata la llana, nuestra capacidad como agentes de cultura de entrenar nuestra mirada y nuestro oído para leer los vacíos y escuchar los silencios.

 

José Carlos Agüero en “Los rendidos” dice:

Así como cada voz tiene un timbre y una altura, cada silencio tiene un registro y una profundidad.

  • ¿Quiénes faltan?, ¿qué silencios se escuchan a tu alrededor y necesitan de tu capacidad técnica para mostrarse?

 

Y pongo un ejemplo:

El gran maestro e investigador de paz, de procesos de paz, de construcción de paz Juan Gutiérrez se puso como meta hacer emerger a nivel social y cultural lo que él ha llamado “Hebras de paz viva”, en escenarios de postguerra, postconflicto o altísimamente polarizados, es decir, bajo el control de la imagen de amigo/enemigo, aquellos relatos y experiencias de personas que se negaron a considerar al otro como enemigo, que lo ayudaron, que lo salvaron, que desobedecieron a los suyos por pura humanidad, porque en estos contextos es necesario romper la escena tal y como ha sido construida y fosilizada. Y se fue a buscar a la gente del teatro, se apoyó en expertos en artes escénicas para contar con el bagaje técnico de cómo construir y amplificar una representación social diferente.

 

No es lo mismo callar un nombre que callar otro nombre, que diría de nuevo José Carlos Agüero:

 

  • En nuestro entorno cercano, en los espacios en los que operamos y sobre los que decidimos, ¿qué estamos prefiriendo no saber?, ¿están nuestras decisiones perpetuando formas sociales de ignorancia?
  • ¿el dolor de quién podemos estar minimizando o ridiculizando a través de la representación cultural que avalamos?, ¿qué piensan de esta representación los representados?
  • ¿pueden mis decisiones contribuir de alguna mínima manera a que formas sociales de dolor cuenten con mayor visibilidad, se perciban y se reconozcan?
  • ¿hay alguna forma socialmente aceptada de ridículo, descrédito, desprecio o difamación de colectivos oprimidos, minorías, personas en riesgo de exclusión que a través de mis decisiones pueda ser frenada, contestada?
  • ¿puedo contribuir de alguna manera a la complejidad?, ¿hay algo con lo que pueda romper simplificaciones o dicotomías?

 

Y no quiero olvidarme del papel que juegan las artes escénicas, especialmente cuando se vinculan a conmemoraciones públicas, actos de identidad colectiva, la performatividad de los duelos públicos, donde más claramente se pone de manifiesto el control de la escena pública por el poder, qué es lo que se legitima simbólicamente desde ahí:

  • Qué duelos no tienen derecho al llanto público, qué merece una conmemoración representada, quiénes nos dan culturalmente la identidad territorial (¿por qué Agustín García Calvo no es lo primero que nos viene referencialmente a la cabeza si yo os digo Castilla y León?)
  • Aquí también podríamos preguntarnos qué cánones oficiales seguimos perpetuando de forma acrítica, qué genealogías nos definen, si hay capacidad transformadora para el presente en espacios que fueron silenciados o directamente ni considerados como existentes por la tradición. Somos responsables de nuestra repetición (Por cierto, qué peliculón de país para quien sepa verlo está por contar a través del hallazgo de la extremeñísima Biblioteca de Barcarrota…)

Básicamente y resumiendo:

  • Al servicio de qué ponemos la escena, qué estás legitimando, qué estamos legitimando a través de nuestra acción cultural o como dice Judith Butler en “Vida precaria” preguntémonos como sector cultural sobre “qué puede y no puede ser pronunciado en voz alta en la esfera pública” porque en los límites de lo decible, en los límites de lo que puede aparecer en escena y lo que no, es donde se juega la profundización democrática.

 

 

 

De modo que desde nuestra estricta responsabilidad como constructoras de imaginarios y expertas de las dimensiones simbólicas:

  • Cómo podemos contribuir, oh pueblo de Atenas, a ensanchar y a proteger los espacios de palabra pública y toma de decisión y cómo podemos convertirnos en aliadas de quienes están peleando por el derecho estratégico a acceder a su propia narración.
  • Cómo podemos contribuir a educar en la expresión pública, cómo podemos imaginar juntas otras maneras sociales de poner en escena la palabra de un modo más incluyente.
  • Cómo el teatro mediterráneo puede volver a enseñarnos un poquito de democracia.

 

Así que resumiendo, para no aburriros y poder seguir hablando juntas:

  • Nuestro trabajo diario, pequeño, cotidiano no opera al margen de los procesos sociales de silenciamiento y devaluación de la credibilidad que acompañan siempre a la exclusión social y a la violencia. Es decir, que en el campo de la representación cultural hay mucho que decir y mucho que desvelar a favor de la equidad y los derechos humanos.
  • Y que en esta construcción de nuevas posibilidades en nuestros imaginarios, en nuevas formas de sensibilidad social, en sociedades capaces de otras formas de escucha se está jugando a día de hoy la democracia.
  • Que las voces que son creíbles o no y que cuentan con autoridad social no están al margen de las estructuras de poder y los privilegios.
  • Y que necesitamos a quienes tenéis el amor y la capacidad para impulsar relatos, montar escenas, dotar de sonido y luz… reivindicándose como agentes clave para hacer que la palabra pública se cuide y escuche y contribuya de nuevo a ensanchar la democracia.

 

Conjuro mágico para las mujeres de Castilla ¡¡¡leer con cuidado!!!

 

I

Coge la hogaza del suelo

y no la dejes caer.

Coge la hogaza del suelo

y vuélvela a bien moler.

Coge la hogaza del suelo,

niña de raza de pan.

Coge la hogaza del suelo,

¡libre, fuerte y candeal!

 

II

Despertad a la giganta,

a la giganta dormida,

despertadla con aullidos

¡que se le llevan la vida!

Despertad a la giganta,

que no muera a pleno sol,

despertad a la giganta

¡amapola, caracol!

 

III

Cantarera, cantarera,

tú no dejes de cantar.

Sigue, sigue, enhebra el hilo,

muerte y vida vienen, van.

Cantarera, cantarera,

fuego abierto, llanto y sal,

voz de viento,

¡grita, grita!,

vida en rama,

¡hazte escuchar!

Justicia ecológica y derechos de la naturaleza

 

Como hace unas semanas me hizo muy feliz escuchar a Teresa Vicente en la presentación de su nuevo libro “Justicia ecológica y derechos de la Naturaleza”, quería dejar un mínimo eco de toda su fuerza e inspiración en el jardín de mi casa, aquí.

¿Qué dice de nosotros como sociedad que las empresas tengan personalidad jurídica y la Naturaleza no la tenga? Desde esta pregunta inicial que lanzaron también investigadoras del grupo Speak4Nature, nos fuimos acercando, como también lo hace su nuevo libro, a los procesos por los cuales en varios lugares del mundo se ha conseguido dotar de personalidad jurídica a determinados ecosistemas, movilizando también a las Naciones Unidas que han identificado en estos procesos un camino de futuro a recorrer, tal y como ha sido el caso pionero a nivel europeo de la protección del Mar Menor.

Partiendo del realismo radical que reconoce en el actual sistema económico “la degradación ecológica del planeta y de la desposesión territorial, económica y cultural de la mayor parte de la humanidad”, se va desgranando el camino que ya estamos recorriendo a nivel global para conquistar una nueva generación de derechos, tal y como han sido los derechos de los pueblos indígenas y los derechos de la Naturaleza que van abriéndose paso, despacio pero sin pausa, a nivel global.

Como comenta Teresa Vicente en la introducción de su libro:

 

“Tenemos que detener nuestra carrera hacia adelante y poner límites a un modelo de desarrollo que es la causa de la degradación ecológica y nos lleva al suicidio colectivo. La prioridad debe ser la preservación de los ecosistemas, porque en ellos se dan las interacciones entre todas las formas de vida; en segundo lugar, la preservación de la especie humana y sus derechos: y, en tercer lugar, la construcción de un modelo económico que posibilite el desarrollo de todas las formas de vida en la Tierra.”

 

Desde el convencimiento de que ha llegado el momento para un cambio de paradigma, que reconozca la unión del ser humano con la Naturaleza y la interdependencia con ella, la tarea generacional que tenemos por delante es proyectar esta ¡realidad! en los ámbitos de la economía, el derecho y la política. Se hace urgente entonces también un cambio cultural de raíz que sustente este cambio de visión y que amplíe el marco tradicional de la ciudadanía hacia la ciudadanía ecológica, consciente de la justicia intergeneracional, “nuestros actos de hoy tienen consecuencias sobre el mañana”.

Poner en valor a la Naturaleza en sí misma y por su valor intrínseco supondría “abandonar paulatinamente la concepción antropocéntrica del Derecho hacia una concepción ecocéntrica, que amplía el ámbito jurídico para incluir al ecosistema del cual forma parte el ser humano”.

Tras los capítulos dedicados a la Justicia Ecológica y su interrelación con el derecho, la economía y la política, así como al capítulo dedicado a los derechos de la Naturaleza desde la filosofía del derecho, Teresa Vicente comparte toda la experiencia desarrollada en el impulso de la iniciativa legislativa popular para la protección del Mar Menor, iluminando posibilidades para otros espacios que estén en procesos de movilización popular para la protección de su territorio.

En mi lectura se han quedado resonando, no obstante, los ejemplos vinculados a Colombia y las posibilidades enmarcadas en el concepto legal de los derechos bioculturales reconocidos en su jurisprudencia, que “unifican los derechos de las comunidades étnicas a los recursos naturales y a la cultura, entendiéndolos integrados e interrelacionados” y cuya defensa podría resultar tan interesante en el contexto español para determinadas luchas contra fenómenos extractivistas, especialmente en el rural español.

Dejando estas simples pinceladas de lectura a modo de reconocimiento y gratitud y buscando el diálogo desde otras disciplinas, me quedo con las palabras finales de Teresa Vicente:

 

“El aumento de la magnitud de la crisis ecológica y la declaración de emergencia climática actual es suficiente para mostrar que el siglo XXI necesita una Declaración Universal de los Derechos de la Naturaleza, que se una a la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la segunda mitad del siglo XX. Más allá de la visión antropocéntrica actual, ha de avanzarse hacia una visión ecocéntrica de la vida, que reconozca que la Naturaleza es la base de la supervivencia de todas las especies, incluida la especie humana y que tiene sus propios derechos.”

(En un alarde «pitoniso», un día después de la publicación de esta entrada, se hizo público que Teresa Vicente había ganado el Goldman Prize 2024, por lo que le damos la enhorabuena, nos ponemos de pie, aplaudimos y junto a la tierra, lo celebramos. )

Solidaridad con Palestina en la Feria del Libro Infantil de Bolonia (8-11 de abril)

 

«Cuyos libros están enterrados bajo escombros.»

 

Puedes firmar la carta original en inglés aquí y acceder a contenidos ampliados en el blog de referencia de literatura infantil en el mundo de habla hispana que se ha hecho eco de la difusión de la Carta en todo el espacio cultural iberoamericano, Linternas y Bosques aquí

 

«A los organizadores de la Feria del Libro Infantil de Bolonia,

Como ilustradorxs, autorxs y editorxs dedicados a crear libros significativos y hermosos para niñxs, nos hemos unido para destacar un tema urgente y pertinente.

La Feria del Libro Infantil de Bolonia celebra lo mejor de la literatura infantil en toda su diversidad. El conocimiento, la camaradería y la inspiración que se despliega en la feria son simplemente mágicos. También sabemos que la feria no solo resalta la luminosidad de la infancia, sino que respeta y honra sus momentos oscuros.

En 2022, la BCBF se solidarizó a la par del mundo reconociendo el sufrimiento en Ucrania con una impresionante exhibición de arte y libros de la región que estaba (y aún está) causando una seria y duradera impresión en las niñas y los niños de Ucrania. Asimismo, suspendió la participación del gobierno de Rusia debido a su papel en la agresión.

Esta muestra de solidaridad es importante porque defender los derechos de lxs niñxs, alimentar sus mentes, honrar su creatividad y protegerlos del daño está en la esencia misma de nuestro trabajo como autorxs, ilustradorxs y editorxs infantiles.

Actualmente hay una guerra en Palestina que está afectando a niñas, niños y jóvenes a una escala sin precedentes, y ha sido descrita por médicos, periodistas y trabajadores humanitarios de la ONU como una guerra contra la infancia.

 

 

(Ilustración de Un jardín feliz, Michael Foreman)

 

En 100 días de guerra:

10,000 niñxs han sido asesinadxs y 30,000 han quedado huérfanxs.
Más de 1000 niñxs han sido amputadxs, algunos sin anestesia.
Hospitales donde lxs niñxs buscan tratamiento, incluyendo recién nacidxs que necesitan incubadoras, son objetivo de bombardeos o incursiones.
Casi todos lxs niñxs son privados de educación ya que las escuelas son blanco de bombardeos (incluso con familias adentro).
La mayoría de los niños han sido desplazados de sus hogares, muchos de ellos teniendo que trasladarse a pie a lo largo de la Franja de Gaza hacia «áreas seguras» en donde los continúan bombardeando.
La mayoría de lxs niñxs viven en tiendas de campaña, y algunos han muerto por el frío invernal.
La mayoría de lxs niñxs no tienen acceso a agua limpia, lo que propaga infecciones gastrointestinales.
La mayoría de lxs niñxs están muriendo de hambre.
Los bombardeos ocurren todos los días y durante toda la noche, aterrorizando y traumatizando a lxs niñxs.

 

(Ilustración de Un jardín feliz, Michael Foreman)

 

Esta lista horrorosa no pretende minimizar los efectos de la guerra en hombres, mujeres y ancianos; de hecho, todos los aspectos de la vida en Gaza y la ocupada Cisjordania han sido devastados. Tampoco pretende opacar lo que están experimentando otrxs niñxs en conflictos de otras partes del mundo. Sin embargo, desempeña un papel importante al resaltar la falta de precedentes que constituye esta guerra en comparación con cualquier cosa que conozcamos, y por lo tanto, nuestro apoyo debe ser urgente, universal y sincero.

La solidaridad con Palestina y con la Humanidad ya se ha extendido ampliamente entre las comunidades de creadorxs. Nosotrxs, lxs abajo firmantes, queremos instar a la BCBF (Feria del Libro Infantil de Bolonia, por sus siglas en inglés ) a unirse a nosotrxs, a tomar una posición y decirle a la infancia palestina, cuyos libros están enterrados bajo escombros, cuyos momentos de juego y cuentos han sido arrebatados, cuyas canciones son ahogadas por bombas, que no ha sido olvidada.

 

(Imagen UNRWA)

Palestina ha sido violentamente ocupada por las fuerzas israelíes durante 75 años. A lxs palestinxs han sido robadas sus tierras, sus derechos arrebatados y su gente detenida, torturada y asesinada injustamente, incluso mutilando los cuerpos de lxs fallecidxs.

Hoy existe enorme destrucción en Gaza y la ocupada Cisjordania, pero también, desde afuera del enclave sitiado, tenemos la oportunidad de honrar el espíritu, la resistencia e inocencia de lxs niñxs. Por favor, consideren mostrar humanidad y solidaridad con Palestina en su feria, declarando su apoyo al cese de fuego inmediato, y anunciándolo previo al evento, a fin de movilizar a creadorxs y artistas. También le instamos a suspender la participación del Estado de Israel en la feria, quien está llevando a cabo estos crímenes contra la humanidad con impunidad, hasta que Palestina sea liberada.»

Apartheid de género

 

Siguiendo la movilización internacional para poner fin al Apartheid de Género que sufren las mujeres en Irán y Afganistán y cuyo término lleva siendo utilizado en organismos de derechos humanos internacionales, minoritariamente desde 1999 y con mayor fuerza desde hace apenas un año, quería traer a este espacio pequeño de palabra propia este llamamiento, convencida de que tendrá eco en alguna lectora.

Como el papel de la anterior relatora de derechos culturales de Naciones Unidas, mi muy admirada Karima Bennoune, está siendo decisivo tanto en la investigación como en el avance mundial de la campaña, aprovecho para enlazar aquí su investigación «The International Obligation to Counter Gender Apartheid in Afghanistan» y mostrar el mayor de los respetos al enfoque de su trabajo y su defensa pertinaz de los derechos humanos de las mujeres y las niñas.

También la semana pasada, la Premio Nobel de la Paz, Narges Mohammadi, a través de una carta abierta desde la prisión de Evin en Irán en la que se encuentra encerrada, enviaba un nuevo llamamiento internacional a las Naciones Unidas para el reconocimiento del Apartheid de Género como crimen de lesa humanidad.

Sumándome, por tanto, a todas las mujeres que, especialmente desde el 2021, están articulando de manera infatigable esta movilización, sobre la que puedes profundizar y a la que puedes sumarte en el enlace, ojalá logremos que encuentre un mayor eco en la agenda pública.

END GENDER APARTHEID TODAY

 

Para la libertad: Con el Teatro de La Abadía y la compañía teatral La Dramática Errante

Replico en este espacio, como eco de su libertad y nodo en la red de quienes queremos ejercerla,  el Comunicado Oficial del Teatro de La Abadía, frente a los ataques a la libertad de expresión artística y los derechos culturales que se han presenciado hoy en Madrid:

Madrid, 18 de enero de 2024

El Teatro de La Abadía es desde su fundación un lugar de encuentro, un espacio de paz y libertad que fomenta la asamblea, el diálogo, la reflexión, la empatía y el entendimiento. En el día de hoy, queremos comunicaros:

  • El Teatro de La Abadía respeta y escucha todas las opiniones que pueda suscitar cualquier espectáculo de su programación y, especialmente, las críticas y discrepantes.
  • El Teatro de La Abadía apuesta por la libertad de las creadoras y los creadores que acoge, de modo que puedan plantear a la sociedad los asuntos y preguntas que les parezcan relevantes.
  • El Teatro de La Abadía condena cualquier muestra de violencia y nunca permitirá que se realice ningún tipo de apología de la violencia desde sus escenarios.
  • El Teatro de La Abadía cree que la mejor respuesta ante peticiones de cancelación o censura de un espectáculo es levantar el telón, para que cada persona pueda acudir a él libremente y juzgar lo que el escenario le ofrece.
  • El Teatro de La Abadía velará en todo momento por el buen funcionamiento de sus dos salas, y demanda respeto hacia todas aquellas personas que acudan al teatro.

Damos las gracias al público que nos acompaña cada día para compartir la experiencia del hecho escénico.

Para terminar, queremos recordar las palabras de nuestro director artístico, Juan Mayorga, en la rueda de prensa de la presentación de los estrenos de enero:

«La censura no solo lesiona a los censurados, sino que empobrece a la sociedad. La empobrece porque la priva de la conversación que los creadores proponen. La censura no solo debe ser combatida por estos, sino por cada ciudadano. Cada ciudadano ha de estar interesado en que a la inteligencia crítica no se responda con censura, sino a su vez con crítica, porque la autonomía del ciudadano depende de la autonomía de una cultura crítica. La libertad, antes que con discursos, se defiende ejerciéndola. Y la paz, antes que con discursos, se defiende practicándola.»

 

 

Igualdad o Vacío: Mujeres, cultura y nueva ruralidad en España hoy (Revista Periférica, 2022)

(Ilustración obra de Carolina Marín)

 

Para todas las asociaciones de mujeres rurales con las que trabajé

y que confiaron en mí a lo largo de mi vida, con gratitud y en reconocimiento.

 

Muchas gracias a la Federación Española de Sociología por haberse hecho eco de la publicación de este artículo. Gracias.

 

Agradezco de corazón a la Revista Periférica haberme invitado a dar forma y reflexionar sobre el papel que están desempeñando las mujeres rurales en España hoy en la construcción de un nuevo modelo de ruralidad diverso y abierto al mundo y que está reivindicando para sí un mayor protagonismo tanto en nuestras políticas culturales de país como en los espacios de decisión para el impulso de un mundo rural vivo.

 

Por si quieres leerlo o puede serte útil en algo para los tiempos que llegan, puedes descargarlo y compartirlo desde aquí:

Igualdad o vacío: Mujeres, cultura y nueva ruralidad en España hoy.

 

V Jornada sobre Cultura Inclusiva i Arts Comunitàries. Creació de vincles: un pas necessari per a la inclusió

 

(PUEDES VER LA JORNADA COMPLETA EN ESTE ENLACE)

Por si alguien quiere ir agendando, comentando o inscribirse, el 18 de mayo tendré ¡el placer! de participar en la conversación tejida en:

V Jornada sobre Cultura Inclusiva i Arts Comunitàries (18 de mayo de 2022), organizada por L’Institut Català de les Empreses Culturals (ICEC), mitjançant el Servei de Desenvolupament Empresarial (SDE) i l’Àrea de Públics y comisariada por la especialista en creación y producción artística comunitaria Eva García.

Conversaremos sobre la creación de vínculos como paso necesario para la inclusión, qué papel pueden desempeñar las artes y la cultura para crear sentido de pertenencia y comunidad y cómo la protección de los derechos culturales es una condición clave para hablar de acceso al conocimiento y la cultura y profundizar nuestras democracias.

Se compartirán experiencias referentes en este campo como las desarrolladas por La Panera, La Volta o Diversorium y tendremos la oportunidad también de escuchar a Alex Sarian desde Canadá.

¡Gracias por la oportunidad de esta reflexión y por la confianza!

Como la participación será tanto presencial como virtual, en este enlace puedes ampliar la información e inscribirte. Si quieres nos vemos y reflexionamos juntas sobre este tema clave, ¡gracias!

Programa de la Jornada aquí

Glosario de la Jornada aquí

Referencias de la Jornada aquí

Derechos culturales y posdesarrollo

 

 

«Nosotros hacemos mundos verdaderos. Nosotros somos hechos por palabras verdaderas.»

 

Ahora que todo el sector profesional a nivel internacional está como loco redactando propuestas tras la invitación realizada por la relatora de derechos culturales, “Contribuciones sobre los derechos culturales y el desarrollo sostenible” (hasta el 27 de abril, no nos durmamos) y buscando inspiración para ser lo más eficaces y audaces posibles en esta oportunidad para llevar las políticas culturales al centro de la Agenda 2030, me apoyaba estos días en una lectura pendiente, “Pluriverso. Un diccionario del posdesarrollo”.

Dejo por aquí algunas notas de lectura desde la invitación concreta que tenemos entre manos, celebrando el carácter panorámico y aglutinador del diccionario, recogiendo desde la diversidad epistemológica todas las propuestas alternativas al modelo hegemónico, de mínimos, presente en la actual agenda mundial y que contiene propuestas de futuro trasladables a la conversación actual y oportunidades de mayor profundización democrática.

Desde la intención de construir una comunidad contra-epistémica que presente con la mayor claridad nuevas narrativas que hagan de contrapeso al consenso del control corporativo desde el hecho crudo y desnudo de que “las palabras transmiten cosmovisiones integrales, determinando lo que podemos y lo que no podemos ver”, no me resisto a trasladar aquí, por su relación con los derechos culturales, su definición de pluriverso:

 

“Un pluriverso es un mundo en el que se pueden sembrar diversas esperanzas, se pueden cultivar múltiples oportunidades y se puede lograr una pluralidad de vidas significativas por medio de personas tan diferentes y solidarias como somos.”

 

Estableciendo que, frente a las actuales narrativas globales del “pensamiento-fortaleza” de los neonacionalismos xenófobos en base a la construcción de chivos expiatorios, frente a un mundialismo elitista y tecnocrático, estamos repolitizando el debate sobre la transformación socioecológica más allá del marco eurocéntrico, “lo que está en juego es un profundo proceso de descolonización intelectual, emocional, espiritual y ética”, llevando al centro la diversidad cultural y la DEMOCRACIA DEL CONOCIMIENTO, siendo conscientes de que “las bases indispensables para la vida, INCLUYENDO LA NATURALEZA Y EL CONOCIMIENTO, deben mantenerse dentro del ámbito de los bienes comunes y no ser privatizados” (mayúsculas mías, especialmente las del CONOCIMIENTO).

 

Así, desde una lectura críticamente propositiva, se señala el error de haber dejado fuera de la Agenda 2030 tanto la cultura como sector, como las dimensiones culturales de la ética y la espiritualidad mundial:

 

“Lo que pretendemos es destacar que si no se da una transformación socio-cultural fundamental, la innovación tecnológica y en la gestión no nos ayudará a salir de las crisis.”

“Los imaginarios sociales basados en los derechos humanos y en los derechos de la naturaleza no se alcanzarán mediante intervenciones de arriba hacia abajo.”

 

Así, como todo diccionario, a través de una serie de entradas se van recogiendo alternativas mundiales ya presentes y con solidez territorial que rompen y amplían los marcos del actual pensamiento desarrollista.

 

 

 

Recojo por aquí algunas ideas que se repiten como un eco desde las diferentes perspectivas, por lo que pueden suponer para nuestra reflexión actual sobre el papel que puede desempeñar la protección de los derechos culturales como herramienta eficaz para profundizar el acceso a vidas dignas de ser vividas (nunca renunciaré a esa coletilla que se repite siempre: “los derechos culturales son los derechos de la dignidad”).

 

  • Ocultamiento y subvaloración de otras experiencias y conocimientos locales; epistemologías subordinadas o invisibilizadas: siendo evidente que uno de los ámbitos de injusticia global al que quiere responder el reconocimiento de los derechos culturales es precisamente el uso para la opresión del conocimiento en sus múltiples dinámicas, vía commodities, apropiación, silenciamiento, luz de gas, cercamientos, estigmatización y toda la variedad de prácticas extractivistas que dificultan el desarrollo de marcos de reciprocidad.  Como define Ashish Khotari alrededor de la entrada “democracia ecológica”, cómo construimos y protegemos la:

 

“Pluralidad cultural y del conocimiento, donde la diversidad es un principio clave; el conocimiento, incluidos su generación, uso y transmisión, es de dominio público o un bien común; la innovación se genera democráticamente y no hay torres de marfil de «expertos»; el aprendizaje se lleva a cabo como parte de la vida y viviendo, no solo en instituciones especializadas; y las vías individuales o colectivas en pos del bienestar ético y espiritual y de la felicidad están disponibles para todos.”

 

  • Reconocimiento del patrimonio biocultural: especialmente desde las aportaciones al diccionario de Arturo Escobar y de todo el caudal de conocimiento de la agroecología, se lleva al centro la necesidad de un diálogo más estrecho, de una colaboración más cercana entre el campo de las políticas culturales y el mundo agrario internacional, poniendo en valor la innovación epistemológica que reside en esta cercanía: “la agroecología incorpora temas culturales (…) busca ser no sólo conocimiento aplicado sino también un ejemplo de investigación participativa (… es central) el diálogo intercultural, mediante el cual los investigadores identifican las formas de conocimiento de los agricultores tradicionales”. No sólo se pone de manifiesto la potencialidad de los enfoques transculturales y la coproducción de conocimiento, sino la necesidad en este diálogo política cultural-agroecología de definir marcos para la protección de la memoria biocultural transmitida a través de las generaciones, o lo que es lo mismo, PATRIMONIO.

 

 

  • Reemplazar los pilares del imaginario social: desde el reconocimiento de que “el homo economicus mata la diversidad cultural”, sin cambios en la esfera de los saberes, afectividad y espiritualidad no hay una transformación a la altura del reto del cambio climático. Recordé inmediatamente el impacto que está teniendo la lectura del libro “Una trenza de hierba sagrada” de la etnobotánica Robin Wall Kimmerer o ese ensayo de Sánchez Ferlosio que Jorge Riechmann cita más de una vez: “Mientras no cambien los dioses, nada ha cambiado” que apuntan al centro de flotación: los grandes relatos cosmogónicos y sus efectos.

 

  • Políticas culturales y Derechos de la Naturaleza: el reconocimiento de los derechos culturales y de la naturaleza son los grandes logros que vamos a conseguir en este siglo, esta va a ser nuestra agenda de vida (enfermaremos, envejeceremos, moriremos pero habremos empujado en algún grado y para los que llegan este horizonte). El reconocimiento de la Naturaleza como sujeto legal con derechos intrínsecos -como demuestra en nuestro país, por ejemplo, la movilización a favor de los derechos del Mar Menor– transformará nuestra visión desde el actual “dueños del mundo y herederos de la tierra” al desarrollo de la jurisprudencia de la Tierra.

 

  • Ecología de la cultura y localización abierta: me resultó especialmente interesante la llamada a la ampliación de estos dos conceptos «abiertos a enriquecerse con nuevos significados”. Desde el reconocimiento de que en todas las culturas está presente la idea de dignidad y de una vida en común buena y protectora para todos, qué entendemos por sostenibilidad cultural, cómo se engarza esta sostenibilidad cultural con los lugares y espacios en los que la gente vive y cómo empujamos, siguiendo a Doreen Massey, marcos de “localización abierta” conjurando los riesgos de las “ideas de lugar con una sola identidad esencial basada en una historia limitada de un territorio”. Muy interesante para repensar desde las políticas culturales y todo su trabajo en la esfera memorial este reto: “gran parte del mundo actual se desenvuelve sin memoria, como si los espacios que habitamos fuesen geografías en blanco y por lo tanto, estuviesen a disposición del consumo y el desarrollo” Frente a los riesgos de las lecturas territoriales limitadas y excluyentes, cómo movilizamos la afectividad hacia el territorio hacia marcos de apertura e interculturalidad, cómo nos arraigamos sólidamente de forma abierta e incluyente.

 

Dejo por aquí esta lectura personal de “Pluriverso. Un diccionario del posdesarrollo” por si suma en el diálogo abierto por la relatora y logramos incorporar también en la agenda española la importancia que tienen los derechos culturales para el efectivo cumplimiento del actual marco de la Agenda 2030.

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Declaración de Pamplona-Iruñea de la edición independiente

 

Conjurando el riesgo de que importantes reflexiones sectoriales queden invisibilizadas o en un modesto segundo plano para el resto del sector de las políticas culturales, me hago eco de la Declaración de Pamplona-Iruñea nacida del encuentro internacional de la edición independiente celebrado el pasado mes de noviembre. El equipo organizador del Encuentro anuncia que está elaborando también durante este primer semestre una Guía de Buenas Prácticas que harán pública en los próximos meses, por lo que aquí les estaremos esperando.

Bajo el título ampliado “Declaración de Pamplona-Iruñea. Por una edición independiente, decolonial, ecológica, feminista, libre, social y solidaria” el manifiesto recoge de forma muy clara los principales retos que afronta la edición independiente tanto en nuestro país como en la esfera internacional.

Partiendo de los tres ejes clave:

  • El reconocimiento del carácter cultural, social y político del libro y la lectura.
  • El compromiso con la democratización del mundo del libro y la lectura.
  • La defensa de la lectura como práctica liberadora y para el fortalecimiento de una ciudadanía crítica

se desgrana la actual configuración neoliberal mundial del mercado del libro proponiendo ejes correctores.

Como recordaba Roger Chartier en las conversaciones recogidas en “Lectura y pandemia” que volvieron a mi memoria tras leer la Declaración de Pamplona, no podemos olvidar que la lectura “se trata también de una práctica cuyo ejercicio depende de sus condiciones de posibilidad, distribuidas de forma muy desigual en cada sociedad” y que actualmente, en términos de lectura afrontamos riesgos no solamente para el conocimiento sino también para la democracia: “el actual tipo de lectura acelerada y crédula se constituye en un poderoso instrumento de comunicación para todas las formas de manipulaciones, de falsificaciones y de reescrituras engañosas del pasado. Son amenazas temibles para el futuro.”

 

Así, para proteger la expresión de la diversidad cultural en el mundo del libro es prioritario dar la voz de alarma ante la creciente concentración del sector editorial y su actual configuración geopolítica. Esta evidente desigualdad estructural en el mundo del libro sigue siendo una manifestación de procesos más profundos de neocolonialismo, o como bien explicaba Ngugi wa Thiong´o en su clásico “Descolonizar la mente”:

 

“El control político y económico no puede ser total ni efectivo sin el dominio de las mentes. Controlar la cultura de un pueblo es dominar sus herramientas de autodefinición en relación con otros.”

 

Se pone de manifiesto también, el riesgo que esta concentración editorial supone para el efectivo control de la palabra y el refuerzo de los diversos procesos de silenciamiento (como desgrana en detalle Susan Hawthorne en su obra Bibliodiversidad), especialmente para las mujeres y las minorías. Así, si queremos fortalecer la libertad de expresión pero fundamentalmente reforzar mecanismos de equidad en el acceso a la expresión es necesario articular medidas positivas a favor de la protección de la bibliodiversidad en nuestras sociedades y denunciar los procesos de lucro editorial basados en la estigmatización y la deshumanización de todo signo.

Quizá lo más luminoso de la Declaración, junto a la mirada y responsabilidad ecológica dentro del mundo del libro, resida en el reconocimiento de la vocación democratizadora de la edición independiente, cómo el engranaje de toda la cadena de valor del mundo editorial desde una mirada que comprendiese el libro como bien común reforzaría los procesos democráticos. Así, la promoción de la bibliodiversidad, el apoyo a la edición en lenguas minorizadas, las relaciones editoriales globales en términos de horizontalidad, reciprocidad y consciencia de la interdependencia, contribuirían a la construcción de marcos posibilitadores para la justicia global.

Un documento importante (para mí junto a la declaración del mundo editorial chileno en el marco del proceso constituyente, dos documentos claramente enfocados a la creación de futuro) que nos permitirá seguir dialogando e impulsando conjuntamente una mejor y mayor defensa, también desde el ámbito editorial,  de los derechos culturales en nuestro país. Seguimos.