#WeMakeTomorrow

Aprovechando que en España estamos todas redactando nuestras aportaciones para dar forma al Pacto de Estado frente a la Emergencia Climática y buscando, como siempre, que nuestro bosque sea local pero planetario, construya el futuro y reconozca el papel de la creación y la cultura como aliadas fundamentales en la acción climática, de cara a la COP30 pero no sólo, quería compartir por aquí la campaña global We Make Tomorrow.

Aunando los esfuerzos de diferentes redes culturales internacionales y tratando de llevar al centro del debate sobre la acción climática el papel que juegan las comunidades y conocimientos locales, la protección de la memoria vinculada al patrimonio natural y cultural, llena de acciones preventivas frente a la emergencia climática, así como subrayando una vez más la capacidad transformadora de las artes y la cultura y su potencial para generar cambios sistémicos e impulsar nuevos imaginarios basados en la reciprocidad y el reconocimiento de la interdependencia con nuestros ecosistemas, la campaña global We Make Tomorrow está abierta a nuevas adhesiones y apoyos.

Tanto por si te sirve para redactar tus aportaciones al Pacto de Estado frente a la Emergencia Climática en España, como si lo que buscas es sumarte a la campaña global y unir tu aspiración a un deseo colectivo planetario, dejo el enlace por aquí por si te resulta útil:

#WEMAKETOMORROW

Protege tu ternura y la de los demás, cuídate.

 

Derechos culturales para un mundo rural vivo

Derechos culturales para un mundo rural vivo

 

 

Como es un privilegio haber tenido la oportunidad de compartir reflexión este mes en forma de editorial para la Fundación Interarts, dejo por aquí el enlace al mismo por si generamos conversación España-América Latina y ponemos en el centro del diálogo el papel que pueden desempeñar las políticas culturales para la protección de los derechos humanos y la construcción de horizontes de futuro para un mundo rural vivo a nivel internacional. ¡Hagamos que llueva!

 

DERECHOS CULTURALES PARA UN MUNDO RURAL VIVO

Estefanía Rodero

“La pluja ve de llocs y sap coses.”

Canto jo i la muntanya balla, Irene Solà

Teniendo en cuenta el clima internacional que propicia este 2022, año clave en el que cada una de nosotras está aportando como puede su pequeño grano de arena para lograr un cambio de paradigma en las políticas culturales, que pongan de una vez a las personas en el centro, y que tendrá como punto álgido, entre otras citas importantes, la celebración del Mondiacult en México a finales de septiembre; y celebrando también que el avance legislativo en materia de derechos culturales -sin duda propiciado por el impulso y la reivindicación constantes del municipalismo y las culturas comunitarias y artes inclusivas- va propagándose silenciosa y tenazmente por todo el país, no podemos dejar pasar por alto la oportunidad de ampliar esta conversación y clima efervescente de intercambio hacia nuestro mundo rural, que no puede quedarse atrás ni sentirse fuera.

Junto a las temáticas comunes que sin duda comparten las propuestas para la protección de los derechos culturales en nuestras ciudades, será muy interesante abrir los brazos a las problemáticas específicas que afrontan nuestros territorios. Así, desde los conocimientos locales y en diálogo fecundo con diversas aproximaciones técnicas, será un reto de futuro plantearnos ejes más amplios de actuación:

  • ¿qué cambios tendremos que articular en nuestras políticas de patrimonio, por ejemplo, para que la protección de la memoria biocultural sea transversal y eficaz y el cúmulo de conocimiento vinculado al trabajo de la tierra se considere como lo que es, nuestra herencia?
  • ¿qué supondría socializar y democratizar las políticas vinculadas al paisaje cultural, más allá de las dimensiones habituales relacionadas con el turismo, haciendo emerger la presión que sufre su protección ante el modelo agroindustrial neoliberal?; ¿qué supondría escuchar, quizá, propuestas como la presentada recientemente por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza para abrir nuestras políticas de paisaje cultural a sus dimensiones interculturales, incluyentes y afectivas?
  • ¿cómo vamos a integrar, sin duda a través de un serio diálogo y una buena articulación rural-urbana, medidas más eficaces para la protección del expolio y mercado negro de arte y patrimonio rural que sobrevuela como un buitre tenaz sobre nuestros pueblos? ¿Cuándo vamos a crear el ¡monumento y homenaje! que merecen especialmente las mujeres mayores rurales como grandes custodias y guardianas de nuestro patrimonio? ¿Vamos a reconocerlas como lo que son, defensoras activas de nuestros derechos culturales? ¿O vamos a seguir excluyéndolas por ceguera como fuente de conocimiento transformador y radical para el presente?
  • ¿podemos permitirnos no crear comisiones técnicas reales y eficaces para el debido seguimiento de la devolución de los bienes inmatriculados en nuestros pueblos? Interpelando a toda la institucionalidad cultural que actúa sobre el territorio rural, ¿de verdad no vamos a apoyar a nuestros gobiernos locales, especialmente los más pequeños, en esta ardua labor administrativa y vamos a dejar pasar por alto lo conseguido por el impulso de la sociedad civil como nos muestra la Coordinadora Recuperando?
  • ¿verdad que podríamos soñar diálogos y encuentros bibliotecarios rurales ¡que tomasen la ciudad! y que apoyándose en el poder del libro liderasen la creación de nuevos imaginarios de respeto y reciprocidad rural-urbana?
  • Por favor, compañeras mías de sector, ¿podría alguien explicarnos por qué aún no existe a estas alturas en la Red Rural Nacional un grupo de trabajo especializado en cultura que tenga como objetivo incorporar con toda la fuerza en la agenda política, ¡al menos! alguno de estos temas? ¿Sería necesario explicar que el momento para impulsarlo, sobran los motivos y la urgencia, es AHORA?

 

Estoy convencida de que el sector de las políticas culturales va a lograr reivindicar su importancia y su protagonismo a la hora de crear nuevos modelos más justos de relación rural-urbana, sabiendo como sabe que la agenda rural es también una poderosa agenda internacional y que para los avances legislativos en materia de derechos culturales puede ser especialmente fecunda en el diálogo entre España y América Latina. Desde la conquista ¡para todas! de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los campesinos y de otras personas que trabajan en las zonas rurales está protagonizando avances clave también para las políticas culturales como es el proceso en la ONU para el logro de un Tratado Vinculante para empresas transnacionales en materia de derechos humanos del que el sector cultural en España no puede seguir desentendiéndose, sintiéndose al margen y no interpelado quedándose fuera.

 

De modo que ilusionándonos juntas por la justa tarea, como escribe Irene Solà sabiendo que la lluvia viene de sitios y sabe cosas, os invoco danzando como a las gotas de lluvia y ¡hagamos que llueva!

 

1.- Revista Biodiversidad, La memoria biocultural, Victor M.Toledo y Narciso Barrera-Bassols

2.- IUCN Publications, Cultural and spiritual significance of nature

3.- Coordinadora estatal para la recuperación del patrimonio inmatriculado por la Iglesia

4.- Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los campesinos y de otras personas que trabajan en las zonas rurales.

5.- Stop Corporate Impunity

Derechos culturales y posdesarrollo

 

 

«Nosotros hacemos mundos verdaderos. Nosotros somos hechos por palabras verdaderas.»

 

Ahora que todo el sector profesional a nivel internacional está como loco redactando propuestas tras la invitación realizada por la relatora de derechos culturales, “Contribuciones sobre los derechos culturales y el desarrollo sostenible” (hasta el 27 de abril, no nos durmamos) y buscando inspiración para ser lo más eficaces y audaces posibles en esta oportunidad para llevar las políticas culturales al centro de la Agenda 2030, me apoyaba estos días en una lectura pendiente, “Pluriverso. Un diccionario del posdesarrollo”.

Dejo por aquí algunas notas de lectura desde la invitación concreta que tenemos entre manos, celebrando el carácter panorámico y aglutinador del diccionario, recogiendo desde la diversidad epistemológica todas las propuestas alternativas al modelo hegemónico, de mínimos, presente en la actual agenda mundial y que contiene propuestas de futuro trasladables a la conversación actual y oportunidades de mayor profundización democrática.

Desde la intención de construir una comunidad contra-epistémica que presente con la mayor claridad nuevas narrativas que hagan de contrapeso al consenso del control corporativo desde el hecho crudo y desnudo de que “las palabras transmiten cosmovisiones integrales, determinando lo que podemos y lo que no podemos ver”, no me resisto a trasladar aquí, por su relación con los derechos culturales, su definición de pluriverso:

 

“Un pluriverso es un mundo en el que se pueden sembrar diversas esperanzas, se pueden cultivar múltiples oportunidades y se puede lograr una pluralidad de vidas significativas por medio de personas tan diferentes y solidarias como somos.”

 

Estableciendo que, frente a las actuales narrativas globales del “pensamiento-fortaleza” de los neonacionalismos xenófobos en base a la construcción de chivos expiatorios, frente a un mundialismo elitista y tecnocrático, estamos repolitizando el debate sobre la transformación socioecológica más allá del marco eurocéntrico, “lo que está en juego es un profundo proceso de descolonización intelectual, emocional, espiritual y ética”, llevando al centro la diversidad cultural y la DEMOCRACIA DEL CONOCIMIENTO, siendo conscientes de que “las bases indispensables para la vida, INCLUYENDO LA NATURALEZA Y EL CONOCIMIENTO, deben mantenerse dentro del ámbito de los bienes comunes y no ser privatizados” (mayúsculas mías, especialmente las del CONOCIMIENTO).

 

Así, desde una lectura críticamente propositiva, se señala el error de haber dejado fuera de la Agenda 2030 tanto la cultura como sector, como las dimensiones culturales de la ética y la espiritualidad mundial:

 

“Lo que pretendemos es destacar que si no se da una transformación socio-cultural fundamental, la innovación tecnológica y en la gestión no nos ayudará a salir de las crisis.”

“Los imaginarios sociales basados en los derechos humanos y en los derechos de la naturaleza no se alcanzarán mediante intervenciones de arriba hacia abajo.”

 

Así, como todo diccionario, a través de una serie de entradas se van recogiendo alternativas mundiales ya presentes y con solidez territorial que rompen y amplían los marcos del actual pensamiento desarrollista.

 

 

 

Recojo por aquí algunas ideas que se repiten como un eco desde las diferentes perspectivas, por lo que pueden suponer para nuestra reflexión actual sobre el papel que puede desempeñar la protección de los derechos culturales como herramienta eficaz para profundizar el acceso a vidas dignas de ser vividas (nunca renunciaré a esa coletilla que se repite siempre: “los derechos culturales son los derechos de la dignidad”).

 

  • Ocultamiento y subvaloración de otras experiencias y conocimientos locales; epistemologías subordinadas o invisibilizadas: siendo evidente que uno de los ámbitos de injusticia global al que quiere responder el reconocimiento de los derechos culturales es precisamente el uso para la opresión del conocimiento en sus múltiples dinámicas, vía commodities, apropiación, silenciamiento, luz de gas, cercamientos, estigmatización y toda la variedad de prácticas extractivistas que dificultan el desarrollo de marcos de reciprocidad.  Como define Ashish Khotari alrededor de la entrada “democracia ecológica”, cómo construimos y protegemos la:

 

“Pluralidad cultural y del conocimiento, donde la diversidad es un principio clave; el conocimiento, incluidos su generación, uso y transmisión, es de dominio público o un bien común; la innovación se genera democráticamente y no hay torres de marfil de «expertos»; el aprendizaje se lleva a cabo como parte de la vida y viviendo, no solo en instituciones especializadas; y las vías individuales o colectivas en pos del bienestar ético y espiritual y de la felicidad están disponibles para todos.”

 

  • Reconocimiento del patrimonio biocultural: especialmente desde las aportaciones al diccionario de Arturo Escobar y de todo el caudal de conocimiento de la agroecología, se lleva al centro la necesidad de un diálogo más estrecho, de una colaboración más cercana entre el campo de las políticas culturales y el mundo agrario internacional, poniendo en valor la innovación epistemológica que reside en esta cercanía: “la agroecología incorpora temas culturales (…) busca ser no sólo conocimiento aplicado sino también un ejemplo de investigación participativa (… es central) el diálogo intercultural, mediante el cual los investigadores identifican las formas de conocimiento de los agricultores tradicionales”. No sólo se pone de manifiesto la potencialidad de los enfoques transculturales y la coproducción de conocimiento, sino la necesidad en este diálogo política cultural-agroecología de definir marcos para la protección de la memoria biocultural transmitida a través de las generaciones, o lo que es lo mismo, PATRIMONIO.

 

 

  • Reemplazar los pilares del imaginario social: desde el reconocimiento de que “el homo economicus mata la diversidad cultural”, sin cambios en la esfera de los saberes, afectividad y espiritualidad no hay una transformación a la altura del reto del cambio climático. Recordé inmediatamente el impacto que está teniendo la lectura del libro “Una trenza de hierba sagrada” de la etnobotánica Robin Wall Kimmerer o ese ensayo de Sánchez Ferlosio que Jorge Riechmann cita más de una vez: “Mientras no cambien los dioses, nada ha cambiado” que apuntan al centro de flotación: los grandes relatos cosmogónicos y sus efectos.

 

  • Políticas culturales y Derechos de la Naturaleza: el reconocimiento de los derechos culturales y de la naturaleza son los grandes logros que vamos a conseguir en este siglo, esta va a ser nuestra agenda de vida (enfermaremos, envejeceremos, moriremos pero habremos empujado en algún grado y para los que llegan este horizonte). El reconocimiento de la Naturaleza como sujeto legal con derechos intrínsecos -como demuestra en nuestro país, por ejemplo, la movilización a favor de los derechos del Mar Menor– transformará nuestra visión desde el actual “dueños del mundo y herederos de la tierra” al desarrollo de la jurisprudencia de la Tierra.

 

  • Ecología de la cultura y localización abierta: me resultó especialmente interesante la llamada a la ampliación de estos dos conceptos «abiertos a enriquecerse con nuevos significados”. Desde el reconocimiento de que en todas las culturas está presente la idea de dignidad y de una vida en común buena y protectora para todos, qué entendemos por sostenibilidad cultural, cómo se engarza esta sostenibilidad cultural con los lugares y espacios en los que la gente vive y cómo empujamos, siguiendo a Doreen Massey, marcos de “localización abierta” conjurando los riesgos de las “ideas de lugar con una sola identidad esencial basada en una historia limitada de un territorio”. Muy interesante para repensar desde las políticas culturales y todo su trabajo en la esfera memorial este reto: “gran parte del mundo actual se desenvuelve sin memoria, como si los espacios que habitamos fuesen geografías en blanco y por lo tanto, estuviesen a disposición del consumo y el desarrollo” Frente a los riesgos de las lecturas territoriales limitadas y excluyentes, cómo movilizamos la afectividad hacia el territorio hacia marcos de apertura e interculturalidad, cómo nos arraigamos sólidamente de forma abierta e incluyente.

 

Dejo por aquí esta lectura personal de “Pluriverso. Un diccionario del posdesarrollo” por si suma en el diálogo abierto por la relatora y logramos incorporar también en la agenda española la importancia que tienen los derechos culturales para el efectivo cumplimiento del actual marco de la Agenda 2030.

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