#Artists4Treaty: Artistas por un Tratado de No Proliferación de Combustibles Fósiles

Artists4Treaty

Comparto por aquí, para unirnos desde las artes a una aspiración noble y planetaria, la campaña mundial #Artists4Treaty a la que, desde el 25 de junio se están sumando artistas de todo el planeta comprometidos con el impulso del Tratado de No Proliferación de Combustibles Fósiles, abordando de manera directa una de las causas principales del cambio climático.

Defendiendo desde nuestro papel como creadoras de imaginarios, mundos posibles y futuros deseables, el rol que también tienen las artes en una transición justa, dejo por aquí el enlace a la campaña por si quieres unir tu voz y también la carta abierta para seguir impulsando  el multilateralismo que amamos: el que protege la vida.

 

ARTISTAS POR UN TRATADO SOBRE LOS COMBUSTIBLES FÓSILES

FIRMA LA CARTA AQUÍ

 

 

A los líderes del mundo:

Somos artistas, músicos, actores, intérpretes, poetas, cineastas, bailarines, escritores y creadores. Somos narradores y soñadores. Somos mensajeros de emoción y amplificadores de esperanza. Y hoy sumamos nuestras voces —fuertes, claras, incansables— al llamado global por un Tratado sobre Combustibles Fósiles.

Porque nuestro mundo —nuestro hogar y nuestra musa— está en llamas. Temperaturas insoportables, ciudades inundadas, aire envenenado y comunidades desplazadas; la crisis climática no es una advertencia lejana: es una catástrofe presente.

La ciencia es clara: la producción de combustibles fósiles está en el corazón de estas crisis en cascada. Eliminar de manera progresiva y justa la producción de carbón, petróleo y gas, y hacerlo rápido, es la única forma de salvarnos de esta destrucción.

El petróleo, el gas y el carbón no son sólo fuentes de energía. Cuando se extraen de la tierra, donde deberían permanecer, se convierten en armas de destrucción masiva, desestabilizando nuestro clima, poniendo en peligro nuestras vidas y silenciando culturas enteras. Están asfixiando el mismo mundo que inspira nuestro arte. Y, aun así, los gobiernos siguen financiándolos, expandiéndolos y postergando la acción que necesitamos con urgencia.

Decimos: no más desastres generados por la extracción fósil. No podemos crear con un telón de fondo de destrucción. No podemos seguir con nuestro arte mientras el planeta arde. Nos negamos a dejar que la belleza se  desvanezca en nombre del lucro. Queremos un mundo donde la música pueda sonar bajo cielos abiertos, donde las pinturas no sean borradas por las inundaciones, donde los escenarios, las galerías y los talleres estén llenos de vida — no de humo, no de dolor, no de miedo.

 

 

El Tratado sobre Combustibles Fósiles ofrece un camino hacia adelante: un plan global, audaz y coordinado para poner fin a la expansión fósil, eliminar la producción existente de manera progresiva, justa y equitativa, e invertir en un futuro sostenible. No es una demanda abstracta: es un salvavidas para proteger nuestro planeta y también nuestra capacidad de imaginarlo, cantarlo y reinventarlo con nuestras manos, nuestras voces y nuestras almas. Por eso aplaudimos al creciente bloque de gobiernos que lideran este esfuerzo y llamamos a otros líderes mundiales a unirse.

Nosotros, artistas de disciplinas y regiones diversas, estamos unidos por un propósito común: proteger la belleza, la vida y el amor que inspiran nuestras obras. Así como nuestro arte nace de la creatividad y de la expresión, nuestra respuesta a la crisis climática debe enraizarse en la ciencia, en la justicia y en la urgencia de actuar.

Por eso convocamos a cada artista — pinten murales, compongan melodías,  escriban novelas o guiones, o actúen en escenarios o en las calles— a usar su voz, su arte y sus plataformas para sacudir al mundo y despertarlo, sumándose al llamado por un Tratado sobre Combustibles Fósiles. Un mundo libre de fósiles, sostenido por el sol, el viento, la justicia y la voluntad colectiva, es un mundo donde el arte puede florecer, donde las culturas pueden prosperar y donde podremos seguir cantando, bailando y soñando juntos y libres.

Creemos en un mundo donde lo único que arda sea la pasión. Donde lo único que desborde sea el amor. Donde lo único que se eleve sea el coro de quienes se atreven a exigir algo mejor.

Este es un llamado para salvar a la Humanidad y las historias que aún nos quedan por contar. Hagamos Historia, no sólo a través de nuestros lienzos o nuestras letras, sino también a través de nuestro poder colectivo.

Defender la Tierra no es delito

Defender la tierra no es delito

 

Dos manos enlazadas

no cambian el mundo.

¿No cambian el mundo

dos manos enlazadas?

Dos manos enlazadas

cambian, no el mundo.

No. Dos manos enlazadas

cambian el mundo.

(Dilemas estratégicos, Jorge Riechmann)

 

En este enlace toda la información sobre la recogida de firmas  y el acto de apoyo a Jorge Riechmann, Marina M. Martínez y Paco del Pozo que se celebrará el 25 de mayo en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, un día antes del juicio (infame) al que se enfrentan por defender la tierra. Todo el amor, mi máximo respeto.

DEFENDER LA TIERRA NO ES DELITO

Derechos culturales y democracia de la tierra

“La circunferencia más externa jamás se servirá del poder

para aplastar al círculo interno en ella contenido,

sino que dará fuerzas a todos sus componentes y, de ello,

derivará las suyas propias.”

(Mahatma Gandhi)

“Vivir en medio de la demás vida que también quiere vivir”

(Albert Schweitzer)

La presentación internacional, con motivo del Día de la Tierra, del documental “Semilla” hizo que me plantease hace unos días el modo en el que, desde la construcción de alternativas sociales y culturales al neoliberalismo global, reproducimos pautas de obsolescencia programada en la articulación de las ideas y minimizamos ante el esquema de “la moda de lo nuevo por lo nuevo” aportaciones muy profundas que necesitan tiempos no acelerados para consolidarse. De igual manera, volvía a plantearme el proceso de construcción de la “autoridad discursiva” y la creación y permanencia de genealogías de autoridad intelectual cuando es la voz de las mujeres la que, partiendo desde sí, despliega propuestas y horizontes de acción.

Quería recuperar, por tanto, por la vigencia de su análisis (releer sus observaciones sobre “el deseo de pertenencia” tras los resultados de las recientes elecciones francesas da cuenta de ello) la propuesta que en 2005 planteó la física india y activista internacional Vandana Shiva en su obra “Manifiesto para una democracia de la tierra: justicia, sostenibilidad y paz”. Aunque el ecologismo ha dialogado mucho más con su obra, quería detenerme brevemente en las aportaciones al campo de las políticas culturales contenidas en su Manifiesto.

Hay una obsesión que recorre su planteamiento: lo prescindible, la capacidad del actual sistema económico-político para la creación de “personas excedentarias o prescindibles”, experiencias, culturas, conocimientos “que sobran”. Se entendería la perversión del ejercicio del poder a través de su capacidad de generar exclusión y de delimitar las fronteras de la realidad y por ello de las vidas, palabras y experiencias “que importan”.

Se observa así que la construcción de lo prescindible se está apoyando en una serie de prácticas que constituyen una pauta:

  • la profundización del desarraigo como medida de desmovilización social y vector central del neoliberalismo.
  • la negación de la experiencia y conocimientos de los habitantes que fueron víctimas de la ocupación o desplazamiento.
  • la expropiación y desposeimiento de esos mismos conocimientos.
  • el cercamiento, “privatización patentada” y explotación privada de los conocimientos.

Una de las manifestaciones culturales en las que podemos observar con mayor claridad este proceso de despojo es la de las artesanías tradicionales. El caso, por ejemplo, del bordado otomí mexicano, los tenangos, es de los más evidentes, en el que la precaria situación laboral de las bordadoras permite notables abusos comerciales (como fue el sonado caso de Hermes) y en el que el robo de patrones y usurpación a las comunidades impide la propia supervivencia económica de las creadoras.

 

 

Vandana Shiva llama la atención también sobre otros riesgos que afronta la protección del patrimonio mundial frente a las lógicas y mecanismos del “libre comercio” y que se dejan entrever en la perversión del lenguaje. Así refiriéndose a la destrucción del patrimonio en Irak, afirma:

“De la destrucción del legado histórico y cultural de antiguas civilizaciones no “nacen” sociedades nuevas. Puede que esa destrucción del patrimonio histórico iraquí fuese únicamente necesaria, en realidad, para mantener la ilusión de nacimiento de una nueva sociedad.”

Alertando, ya por el 2005, de los peligros que entrañaba la teoría del “choque de civilizaciones” de Huntington para provocar un auge sin precedentes del fundamentalismo y la expansión de la reacción de identidades exclusivistas (resumida en “para los pueblos que buscan su identidad y reinventan la etnicidad los enemigos son esenciales”), Vandana Shiva se reafirmaba (como también otros referentes internacionales) en la defensa de las identidades múltiples y diversas. Así, ante las “culturas de exclusión, desposeimiento y escasez” proponía un eje de acción basado en la resistencia, denuncia y desmantelamiento de la lógica de la disyuntiva excluyente (“o esto o lo otro”) que es la base de legitimación de la exclusión, en la que la multiplicidad, el pluralismo, la interdependencia y lo relacional no tienen cabida. La profundización democrática y la prioridad de la acción política vendrían de la mano, por tanto, de un verbo: incluir.

“Debemos ampliar la democracia para incluir a los excluidos: a las comunidades privadas de derechos, a los niños, a los recluidos, a las personas mayores y a las diversas especies de la tierra”

“En las democracias económicas no hay personas ni especies ni culturas prescindibles”

“En la diversidad, hasta lo más pequeño tiene un sitio y un papel; dejar que lo pequeño florezca constituye la prueba más auténtica de libertad”

Por eso, priorizando la acción de inclusión como el verdadero ejercicio democrático, frente a “una respuesta patriarcal y militarista al imperio que imita la violencia de éste” proponía el reconocimiento de los nuevos liderazgos del siglo XXI para la resistencia ante el neoliberalismo global:

“Debemos insistir en que quienes afronten la crisis deben escuchar y aceptar la iniciativa y el liderazgo de las mujeres, los pueblos indígenas, los agricultores y todas las personas que han expuesto y planteado la crisis por la reducción, el cercamiento y la extinción de la diversidad biológica y cultural en el nivel local.”

Así, siguiendo las aportaciones realizadas por dichos colectivos, el reconocimiento de los límites naturales y la localización serían condiciones indispensables para la consolidación de “culturas vivas”. Si, siguiendo su propia metáfora, la democracia económica no puede entenderse sin su arraigo de abajo arriba en los ecosistemas, culturas y economías locales, las culturas vivas reconocen su interdependencia, su conciencia de lugar y pertenencia a la naturaleza en la que se asientan. Frente a una monocultura global y mediática, el enraizamiento abierto a la totalidad se mostraría como el camino para la protección de la diversidad y la construcción de verdadera autonomía.

“Las culturas vivas son espacios en los que vivimos y damos forma a nuestros diversos valores, creencias, prácticas y tradiciones. Las culturas vivas surgen de la tierra: se basan en identidades múltiples y diversas”

“Las culturas vivas nutren la vida: se basan en la dignidad de y el respeto por la vida en su conjunto, las personas de todos los géneros y culturas y las generaciones presentes y futuras”.

Se entiende, por tanto, que no puede existir una democracia económica que no esté basada en los principios de subsidiariedad así como se aborda desde el Sur global la necesidad de incorporar al discurso internacional la visión intergeneracional que está siempre presente en las culturas indígenas.

 

 

Por todo lo anterior quedarían planteadas líneas de acción relacionadas con el fortalecimiento de los niveles locales en las políticas culturales, la interrelación entre cultura y territorio desde la promoción y protección de identidades diversas y dialogantes, la protección laboral de creadores y creadoras comunitarios, la puesta en valor del trabajo artesanal desde posiciones de reactualización permanente, el desmantelamiento de la construcción cultural-política del desarraigo como medida de éxito neoliberal, la autoevaluación sobre nuestra perpetuación de “lo prescindible” en el diseño de programaciones o políticas (¿qué manifestaciones culturales decretamos como prescindibles?, ¿qué colectivos?, ¿qué creaciones?, ¿qué expresiones?, ¿y territorios?), nuestro papel en la invisibilización del origen de las creaciones o aportaciones intelectuales o culturales (“extractivismo intelectual o académico”), así como qué supondría llevar al centro del debate nuestros propios límites corporales y vitales.

He querido recuperar este «Manifiesto para una democracia de la tierra» no sólo porque sigue siendo una propuesta de acción urgente sino por el, para mí, necesario reconocimiento y «reentroncamiento» con una genealogía cultural y política viva que, para el presente, sigue teniendo todo por decir.