Tratado Vinculante de Empresas Transnacionales y Derechos Humanos

 

En el marco del 10º Aniversario de WILPF en España se nos invitó a formular un deseo. Dejo por aquí el mío porque cuando se suman voluntades de horizonte, la fuerza es mayor:

 

«Mi deseo es que en los próximos años el Tratado Vinculante de la ONU sobre Empresas Transnacionales y derechos humanos sea una realidad haciendo posible el final de la impunidad y la reparación a las víctimas de los abusos cometidos por transnacionales en el pasado, especialmente en el Sur global.

Mantengo viva la visión y la esperanza de un cambio de modelo económico y empresarial dirigido al bien común y en el que el marco planteado por la Agenda 2030, «no dejar a nadie atrás» deje de ser un eslogan, dando paso a la transformación profunda del sistema empresarial que el mundo necesita.

Junto a la campaña global de WILPF Move The Money que nos invita a dejar en el pasado la financiación armamentística destinando el dinero a la financiación de todo aquello que contribuye al cuidado de la vida y la construcción de paz, mi deseo es que el sistema de inversión de impacto crezca, se multiplique y transforme todo el sistema de inversión global y que los criterios empresariales ESG dejen de ser optativos pasando a ser un nuevo sentido común de época, una nueva manera de entender la economía, el trabajo, las empresas.

Mi deseo profundo es contribuir desde mi radio de acción a la construcción de una nueva cultura global en la que la vulnerabilidad consustancial a la humanidad que nos une sea un valor a proteger y en la que los territorios en los que habitamos, la tierra con la que nos unen infinitos lazos de interdependencia, dejen de ser extractivizados pasando a ser respetados como respetada será la vida.»

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Para ampliar información sobre el Tratado Vinculante de Transnacionales y Derechos Humanos puedes visitar la página web de la Campaña Mundial.

Para ampliar información sobre la necesidad de la obligatoriedad de los criterios ESG en la esfera económica transnacional puedes visitar el memorial Rana Plaza Never Again.

 

Derecho a crear y capacidades

 

Este verano conocí el trabajo realizado por la diseñadora centroamericana Isabella Springmühl. Isabella ha participado con su propia firma como creadora invitada en la Semana de la Moda de Londres, apostando por una colección que pone en el centro el cuidado a la diversidad corporal. Isabella Springmühl que, como explica ella misma “ha roto su propio paradigma”, es una mujer con síndrome de down.

Hizo que recordara el trabajo reciente de Anna Vives en la creación de un nuevo diseño tipográfico (“las letras de Anna”) que se extendió rápidamente llegando hasta la camiseta de Iniesta y la moto de Jorge Lorenzo, en la capacidad que tiene –a veces…- el deporte para amplificar valores que importan.

Más allá de los casos de gran y merecido éxito, en un nivel más cotidiano de protección del derecho a crear sin discriminación, me pregunto qué políticas culturales estamos desarrollando en España para garantizarlo. La focalización de los programas de creación en las grandes ciudades, la dependencia de dichos programas de organizaciones no gubernamentales y la consabida tiranía de la búsqueda de financiadores, el hecho de que las acciones de patrocinio y RSC que acompañan muchos de estos proyectos impongan a veces por intereses de comunicación y marca un sesgo de edad a favor de acciones sobre infancia y discapacidad desatendiendo los programas para personas mayores, el foco político (cuando existe…) en las acciones de acceso como público sin peso en las políticas de creación, la «desprofesionalización» de su formación cuando se da, son algunos de los elementos a los que se enfrentan cada día los creadores de capacidades diversas. Llama la atención también que todo lo relativo al día a día de las personas con discapacidad se englobe en el campo de las políticas de servicios sociales como si el resto de Ministerios o Consejerías pudiese desentenderse de la protección a la diversidad de la población española en cada una de sus acciones políticas, o como si la vulneración de los derechos culturales en nuestro país no fuese un tema propio del sector de la cultura.

 

 

Experiencias exitosas como Debajo del Sombrero, la compañía teatral Paladio Arte o tímidos avances como la programación en la anterior temporada por parte del Centro Dramático Nacional de la obra protagonizada por personas con discapacidad intelectual “Cáscaras Vacías”, no suplen la necesidad de programas públicos estatales de apoyo a la creación en la diversidad. Quienes somos familiares de personas con discapacidad soñamos con programas como el inglés UNLIMITED apoyado por el Arts Council England y con apoyo a la financiación desde el sistema de loterías que, entre otras acciones, está promoviendo un cambio de narrativa de lo más empoderador: “No les necesitamos, nos necesitan. No queremos caridad, exigimos igualdad”.

El derecho humano a no tener que recibir siempre, a reivindicar la capacidad de dar y aportar al mundo la propia mirada, voz, creatividad y talento requieren políticas sensibles al acceso a la creación. Al fin y al cabo, no todas tendremos el talento de la escultora Judith Scott, pero queremos intentarlo.