Repensar políticas culturales locales, Valladolid, 9 de mayo

El próximo 9 de mayo será un placer participar en la Jornada Repensar políticas culturales locales, que se celebrará en el Salón de actos del Museo Patio Herreriano en Valladolid.

Como comparte la organización:

«Con ocasión de la celebración en 2019 de los cuarenta años de los ayuntamientos democráticos, analizaremos los impactos y transformaciones resultantes de las políticas culturales en las ciudades, los efectos del cambio social, individual y colectivo que muchas de ellas fueron capaces de provocar en la ciudadanía,así como la necesidad de su recuperación y sus posibles perfiles futuros.
Para eso hemos reunido a personas expertas, académicas, creadoras y responsables de políticas, cuya visión aborda el contexto, el impacto de ese trabajo y los caminos para recuperar la vuelta de los liderazgos para su revitalización. Esos liderazgos son imprescindibles si queremos que éstas vuelvan a cumplir su papel de conductoras de los cambios de percepción de la ciudadanía, la construcción de una civilidad crítica y la recuperación de redes de difusión, producción y distribución cultural.»

Agradezco la invitación, la oportunidad del acto en Castilla y León y el cuidado de todo lo que importa a Juan González-Posada M. y Jorge Fernández León, gracias.

Puedes descargar el programa completo aquí

La inscripción gratuita a la Jornada se realiza en este enlace, por si te apetece venir.

 

 

Programa
PRIMERA SESIÓN

◆ 09.30 h. Acto Inaugural y Presentación de la jornada de trabajo.

Óscar Puente Santiago,Alcalde de Valladolid

Ana Redondo García,Concejala de Cultura y Turismo

Jorge Fernández León,Coordinador de la Jornada

Juan González-Posada M., Coordinador del Programa Europeo CreArt.Coordinador de la Jornada

◆ 10.00 h. La cultura española en la crisis: Una década perdida. Por nuevas políticas de futuro.

Ponente: Enrique Bustamante. Catedrático de  Comunicación U. Complutense.

Modera: Carmen Vaquero. Vicerrectora de Comunicación y Extensión Universitaria.
Debate.

◆ 11.30 h. Pausa / Café.

◆ 12.00 h. Diez articuladores culturales locales para una vida decente.
Intervienen:
Juana Escudero. Subdirectora de Cultura. FEMP.

Arturo Rubio Arostegui. Profesor U. A. de Nebrija e Investigador.

“Repensar las políticas culturales locales, ¿Cómo es posible sin la evaluación ni la investigación?”.

Jordi Font. Consejo Superior de Enseñanzas Artísticas.Ministerio de Educación.

Modera y participa:
Jorge Fernández León. Director de ProgramasFMCEyUP Gijón.
Debate.

◆ 14.15 h. Descanso / Comida.

SEGUNDA SESIÓN

◆16.00 h.El espacio de la política cultural en el tiempo digital (Leyes, redes y cultura)
Intervienen:

Estefanía Rodero. Socióloga de la Cultura.

“Construir el horizonte: derechos culturales, acción global y democracia.”

Jesús Cantero. Coordinador de OIKOS, Observatorio Andaluz de la Economía de la Cultura.

Modera: Rafael Vega. Editor y dibujante.

Debate.

◆ 17.00 h.¿Por qué han de cambiar las políticas culturales locales?

Ponente: Alfons Martinell. Cátedra UNESCO de Políticas Culturales U. Girona

Presenta y modera: Fernando Manero. Catedrático de Geografía Humana de la Universidad de Valladolid.

◆ 18.00 h. Descanso.

◆18.15 h.El trabajo en la cultura: Mejores prácticas más allá del Entusiasmo.

Ponente: Luis Ben Andrés. Diputación de Cádiz.

Modera y presenta: Raúl Fernández Sobrino.Gestor Cultural

◆ 19.00 h.Cambiar la vida de la gente. (La cultura puede)

Ponente: Miguel Ángel Aguilar. Periodista y escritor.

Modera y presenta: Carlos Gallego Brizuela. Abogado y escritor

◆ 20.30 h. Presentación de Conclusiones y Acto de Clausura.

 

Derechos culturales y disidencia cultural

(Maruja Mallo, mi pintora-país)

 

“Soy todas las personas libres del mundo juntas.”

Emel Mathlouthi

 

“Disidir: separarse de la común doctrina, creencia o conducta.”

Diccionario de la Real Academia Española

 

Contaba Maruja Mallo que, un día, mientras iba en su bicicleta al instituto de Arévalo en el que daba clase, la rueda delantera tropezó con una enorme piedra del camino, desviando su bici a su pesar hasta la mismísima entrada de la iglesia. Contaba Maruja también que, al no poder frenar, siguió pedaleando por el pasillo central hasta el altar mayor justo cuando sonaban las campanillas de la consagración, por lo que las beatas de Castilla al verla pasar, en lugar de asustarse, “creyeron ver en mí a un ángel de Fra Angelico”.

Recordaba insistentemente esta anécdota que siempre me hace sonreír al leer el último informe de la Relatora de Derechos Culturales “Universalidad, diversidad cultural y derechos culturales” en el que ha cobrado un nuevo protagonismo el derecho a la protección de las disidencias.

Junto al llamamiento urgente para no perder de vista que la universalidad de los derechos humanos está vinculada a la intrínseca dignidad humana y no a la homogeneidad, atendiendo al hecho de que “los ataques a la universalidad de los derechos humanos suelen proceder de los más poderosos que desean destruir un instrumento empleado para corregir las diferencias de poder” (en la sabiduría de Twitter alguien lo expresó como «los derechos humanos no son una meritocracia») y que “la universalidad de los derechos humanos es un importante proyecto cultural en sí mismo”, con motivo de la celebración del 70 aniversario de la Declaración, se vuelve a insistir sobre la interdependencia de los derechos culturales respecto a los demás derechos, en cuanto protegen la expresión de “la propia humanidad, la propia visión del mundo y el significado que dan a la existencia humana y al desarrollo” a través de la protección de diferentes valores, creencias, convicciones, lenguas, conocimientos, artes, instituciones, formas de vida. Por lo tanto, recoge una vez más este último informe, “la defensa de la diversidad cultural es un imperativo ético, inseparable del respeto de la dignidad de la persona humana”.

Más allá del marco del debate en el que se integra este nuevo documento internacional me interesan tres nuevas cuestiones que aparecen ahora: la importancia de los horizontes aspiracionales para la protección de los derechos humanos (¿qué desean nuestras sociedades, a qué aspiran?, ¿esas aspiraciones son compatibles con la ampliación de derechos?, si no lo son, ¿en qué se enraízan esas aspiraciones contrarias a la protección de la humanidad común?), la claridad con la que se señala el trabajo sobre los obstáculos actitudinales como una prioridad para el presente (no sólo sobre los estereotipos sino sobre el desmantelamiento de la internalización de la opresión, o tal y como lo decía más bonito Eduardo Galeano “los esclavos que se miran a sí mismos con los ojos del amo” o Erving Goffman «el estigmatizado se abstendrá voluntariamente de reclamar una aceptación más allá de los límites que los normales consideran cómodos») pero sobre todo lo demás, el llamamiento a la protección de las disidencias:

 

“Todos los países deberían contar con disposiciones y mecanismos para proteger a quienes decidan apartarse de determinados marcos culturales y religiosos, como las personas no religiosas, contra las agresiones físicas, las amenazas y la incitación al odio y la violencia de cualquier persona o grupo, incluidos los miembros de su familia.”

 

“El hecho de que una persona se desvincule de un colectivo porque no comparte su interpretación de la cultura no la priva de su derecho cultural a seguir haciendo referencia a esos recursos culturales y a formular interpretaciones alternativas.”

 

 

Recordando la facilidad con la que nos hemos entregado en décadas pasadas a implementar procesos de asimilación forzada sobre pueblos indígenas, minorías y en todos los procesos coloniales que en el mundo han sido, así como ante el aumento de la polarización social, el auge de las conductas fundamentalistas y extremistas y el rebrote de actitudes de inspiración fascista, se pone el foco de atención sobre el derecho a “modificar la elección de referencias a lo largo de la vida”, “el derecho a no participar en determinadas tradiciones, costumbres y prácticas, en particular las que no respetan la dignidad y los derechos humanos”, “el derecho a desvincularse de una interpretación de valores o creencias y a dejar de pertenecer a un grupo”, es decir, nos llega una invitación urgente a articular procesos educativos y culturales que alienten la autonomía, el pensamiento crítico, la resistencia a la presión grupal, así como a articular medidas de  protección práctica y eficaz de las personas disidentes, en particular, (tomo como ejemplo a la Iniciativa Mesoamericana de Derechos Humanos), los procesos de señalamiento, difamación y criminalización así como la amplia gama de estrategias de acoso (desde las pasivas basadas en aislamiento y ostracismo hasta el asesinato y la desaparición forzada).

De modo que se nos lanza profesionalmente un guante tanto para reflexionar como para construir estrategias y espacios seguros para “dejar de pertenecer” (aquí un ejemplo interesante y pedagógico a través de las dificultades que encuentran las mujeres para dejar atrás la comunidad jaredí) , para crear sociedades que abracen a quienes “cuestionan las normas e interpretaciones o deciden abandonar un grupo con el que ya no se identifican”, estableciendo como una recomendación internacional el hecho de “reconocer y respetar la disidencia cultural y el sincretismo y los derechos a reinterpretar y recrear culturales”.

Me resulta interesante esta invitación a bucear y reconocer en cada una de nuestras culturas nuestras propias genealogías y ejemplos de autonomía y resistencia a la presión grupal, así como las posibilidades dinámicas y absolutamente prácticas que abre la protección de la disidencia cultural. A lo mejor, quién sabe, logramos impulsar un mundo de Marujas Mallo en bicicleta.