Resistencia cultural frente a la nueva estetización del fascismo

Seguía estas últimas semanas los resultados de los procesos electorales europeos con preocupación creciente ante la progresiva entrada de los partidos fascistas en los parlamentos de Europa. Ante la pauta común del discurso anti-inmigración, la persecución de los refugiados y la islamofobia como elementos de movilización electoral, desde la República Checa se añadía, por si a estas alturas quedase algún fantasma del siglo XX sin resucitar, el discurso anti-gitano y la llamada a la persecución y demonización de los doce millones de ciudadanas y ciudadanos romaníes de la Unión Europea.

El hecho de que los partidos liberales se hayan apropiado de los programas de la ultra-derecha y hayan hecho suya su agenda, como el partido ultra-derechista y antisemita austriaco FPö ha repetido una y otra vez ante la victoria de Kurz (con quien formará gobierno), nos confrontan con los procesos que están construyendo la normalización social y cultural del nuevo fascismo europeo y con nuestra propia capacidad, tanto desde las relaciones culturales internacionales como desde el diseño de políticas públicas educativas y culturales para hacer frente a la permisividad del odio.

Haciendo un barrido mediático de la cobertura de los últimos procesos electorales, me frenó en seco el auge de artículos de formato “publi-reportaje de moda” (aquí un ejemplo de estetización del giro ultraderechista austriaco) que, obviando contextos, silenciando propuestas políticas e invisibilizando las consecuencias concretas (sobre los cuerpos concretos) de estas mismas políticas, están arropando estéticamente el discurso del odio europeo. Contribuyendo a enmascarar el fascismo de “mano dura” bajo el arquetipo masculino del tiburón de éxito neoliberal representado para el consumo masivo a través de la réplica estética del Christian Grey de 50 sombras, asistimos a una nueva vuelta de tuerca de la utilización del enmascaramiento propia del fascismo.

Ante esta construcción mediática de “embellecimiento del odio y la exclusión” recordé, por puro paralelismo, dos obras clave que en los últimos años ya alertaron y pusieron el foco sobre la necesaria resistencia ante la manipulación estética y comunicativa del odio.

Si por una parte Juan Mayorga en su obra Himmelweg (para mí en aquel montaje con un Pere Ponce que no olvidaré jamás) nos confronta con nuestra propia pasividad ante el modo en el que “nos construyen” los relatos y las imágenes de lo que realmente acontece así como nos obliga a cuestionarnos sobre el papel del arte y en concreto el teatro, ante la espectacularización creciente de la dominación, que maneja a su antojo la mirada del “público” y los procesos mediáticos de ocultamiento, recordé también el documental El último de los injustos que recoge una serie minuciosa de entrevistas de Claude Lanzmann a Benjamin Murmelstein, último presidente del Consejo Judío, encargado de las labores de “embellecimiento” del campo de concentración de Theresienstadt, uno de los campos modelo de enmascaramiento diseñados por el nazismo.

Ante el desolador comienzo “yo sobreviví porque tenía un cuento que contar que a ellos les interesaba” resulta de especial relevancia para el momento actual la reflexión realizada por Murmelstein acerca de la legitimación y normalización social y cultural  de la corrupción que, en su opinión, fue el caldo de cultivo propicio para la articulación de la tergiversación de la realidad necesaria para la ejecución de la “Solución Final”. Desde su punto de vista, la instauración de la simulación generalizada que permitía el sostenimiento de las grandes cadenas de corrupción en la jerarquía nazi, supuso el paso material previo que sostuvo la construcción cultural de la mentira y la negación propiciadas por el nazismo ante el genocidio judío, la perversión del lenguaje que lo arropó y la normalización del colapso de la experiencia directa de la realidad (me hizo recordar la huelga de “no cobrar” el “salario” de las “voluntarias para trabajar” que impulsó la superviviente antifascista Neus Catalá en Ravensbruck rompiendo la prostitución del lenguaje nazi reivindicándose como la prisionera real que era).

Si bien en los últimos años se han planteado a nivel internacional propuestas marco educativas para la prevención de la construcción cultural de chivos expiatorios, la deshumanización y la prevención del genocidio, especialmente a través de la Educación sobre el Holocausto y la promoción de la Educación para la Ciudadanía Mundial, me pregunto si el enfoque memorial de estas iniciativas no nos está impidiendo tomar consciencia de la urgencia del hoy.

La necesidad acuciante de formación de públicos críticos mediáticos, la nueva alfabetización informacional, especialmente la vinculada a los soportes audiovisuales, la desarticulación de la ya muy real y muy avanzada islamofobia en toda Europa, nuevos acercamientos de aprendizaje sobre cómo se legitimó el antisemitismo que nos permitan comprender claves para actuar en la prevención del odio hoy, la dotación de herramientas críticas frente a la manipulación del lenguaje, el desarbolamiento del cinismo cultural que legitima la corrupción y allana la manipulación autoritaria, la emergencia de articular nuevos mecanismos de protección de las minorías europeas ante el nuevo escenario político, así como la necesidad de contestar y contrarrestar estéticamente el embalaje con lazo en el que mediáticamente se están envolviendo los discursos del odio necesitan de toda nuestra inteligencia, entusiasmo y organización, no vinculados en exclusiva al sostenimiento de los procesos memoriales del pasado, sino al urgente HOY.

 

Corrupción, cultura y Partido Popular

Publicado en Tribuna de Salamanca el 14 de marzo de 2016

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Celebrábamos en Salamanca el pasado sábado el primer encuentro sobre “Corrupción y Cultura: las puertas giratorias en el arte” tratando de visibilizar la relación entre las principales tramas corruptas del Partido Popular en nuestro país (Púnica, Gürtel…) y la situación de la cultura y los medios de comunicación en nuestra comunidad. Coincidía, casualidades del destino, la publicidad del acto con la imputación por prevaricación, malversación y fraude del Secretario General de Cultura de la Junta de Castilla y León en la trama “Perla Negra”, vinculada también con el gran escándalo de las eólicas, y relacionada con las operaciones para la construcción del edificio ADE en Arroyo (Valladolid).

Compartía la museóloga vallisoletana María Velázquez la denuncia sobre la actual situación de los principales museos de nuestra comunidad (ejemplificados en lo vivido en el Patio Herreriano) en los que se ha asentado la práctica del uso de las instituciones públicas para fines privados, siendo los propios artistas los mayores damnificados dentro de un circuito pervertido que entiende el arte como herramienta de especulación. El papel de empresas y multinacionales (que tanto conocemos en Salamanca gracias a la “cultura Revuelta” que cede al mejor postor espacios que son de todos), principales dueñas de las colecciones que albergan nuestros museos castellanos, y que ven en el arte un valor refugio garante de “cash” es clave para entender esta deriva. Estos mismos bancos, constructoras, empresas, casualmente siempre cercanos al Partido Popular… se benefician del dinero público destinado a la conservación, difusión y comunicación de las mismas obras que terminarán “retirando” de nuestros mismos museos públicos, impugnando el régimen de comodato si hace falta, cuando necesiten “efectivo”, gracias al dinero de todos, con su valor multiplicado a expensas de la ciudadanía.

Pero estas prácticas no llegan, precisamente, a terreno baldío. Existe en nuestra comunidad un ecosistema legal y comunicativo que ha dado soporte al maridaje entre corrupción, cultura y Partido Popular en Castilla y León. Al fin y al cabo, las principales cabeceras informativas y grupos de comunicación en nuestra comunidad están en “buenas manos”. Las de José Luis Ulibarri, también constructor, imputado en la trama Gürtel y la trama Púnica, siempre envuelto en escándalos por dudosas adjudicaciones o las del íntimo amigo de Aznar y condenado por corrupción a 7 años y 3 meses (de los que cumplió nueve meses y aquí paz y después gloria) Méndez Pozo, que comparten el control de la Televisión de Castilla y León. Sin olvidar nunca a nuestro local y gacetero José Muñoz, del que los afiliados de base del Partido Popular denunciaban que junto al alcalde Mañueco y la diputada María Jesús Moro, estaba al tanto de todo lo relativo a los sobres de Bárcenas. A nadie sorprenderá, por tanto, encontrar a la empresa constructora del señor Ulibarri, mano a mano con León de la Riva, relacionada con el declive, por ejemplo, del Centro de Documentación y Biblioteca del Patio Herreriano.

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Aunque la pieza perfecta que permite el engranaje entre Partido Popular, dinero público, designaciones, clientelismo y corrupción se encuentra en lo que la organización PLADEPU ha bautizado como “Administración B”, el conjunto de Fundaciones, empresas públicas y participadas, institutos, agencias…, en total unos 200 entes de estas características en Castilla y León, con 57 Fundaciones de las que 44 dependen directamente de los presupuestos de la Junta y que concentran unos 77 millones de euros. Que existan unos 2.000 asesores de libre designación en estos espacios, caracterizados por su menor control presupuestario, su falta de transparencia, el menor control de las contrataciones y la paulatina pérdida de derechos laborales de sus trabajadores, tendría que hacernos pensar por qué el Partido Popular no deja de impulsar “chiringuitos” de estas características.

Quizá haya que recordarle al Partido Popular que la Fundación Siglo ya fue denunciada por eludir los sistemas de control público de contrataciones y que el 66% de sus contratos se hacían de forma fraccionada para eludir la publicidad. Que fue denunciada también por excesos en gastos de prensa a medios “afines” (también habitual en el Ayuntamiento de Salamanca) y que ya se hizo pública la presencia de “falsos autónomos” en el MUSAC y el Museo de la Evolución de Burgos. Que aún estamos reponiéndonos del escándalo sin precedentes de la Fundación de la Lengua Española y de aquellos cuatro millones de euros para la elaboración de “El juego del español” del que aún no hemos visto ni el juego, ni el dinero. Que nuestros docentes de enseñanzas artísticas superiores se ven envueltos laboralmente en fundaciones y similares, sin formar parte de los convenios que les corresponden ni beneficiándose de las garantías del personal del sistema educativo público. Que los patrocinios en nuestra comunidad y nuestros espacios municipales siguen sin aparecer en las escuetas webs de transparencia existiendo en muchos casos una correlación bastante sospechosa entre dichos patrocinios y futuras adjudicaciones.

Definitivamente el escándalo del IVAM valenciano no se trata de un caso aislado de corrupción del Partido Popular. Asistimos a una práctica generalizada del primer partido imputado por corrupción de la historia de España que se ha servido, también en materia cultural y también en Castilla y León, de un entramado de fundaciones creadas ad hoc, adjudicaciones, relaciones personales y dinero público puesto al servicio del latrocinio, que se ha servido del arte, de la cultura y de los trabajadores del sector, para el robo de lo que es de todos.

No sólo seguiremos denunciando el uso que el Partido Popular hace de la cultura como especulación y lucro de élites viejas en nuestra comunidad, sino que seguiremos construyendo la nueva política cultural que permita el cambio  real que ponga de una vez por todas las instituciones culturales de Castilla y León al servicio de lo que importa y proteja a artistas, creadores, docentes, trabajadores de la cultura y el arte en general frente a un modelo que se lucra a su costa y no les respeta.